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2. Análisis de métodos de
instrucción
2.1. La cátedra
La cátedra es un método de
instrucción ampliamente criticado. Se le acusa de muchas cosas.
En términos del marco conversacional del Laurillard (1993), la
cátedra tradicional no es interactiva ni adaptativa; tampoco promueve
la reflexión en los estudiantes, pues sólo el profesor puede
expresar su concepción del mundo. Aunque este tipo de aprendizaje
ha sido llamado centrado en el profesor, ya que es él quien tiene
el control del proceso, el alumno es el que se ve sobrecargado cognitivamente.
En efecto, el alumno debe hacer explícita la estructura implícita
en el discurso del profesor. También debe reflexionar entre lo
que él cree y lo que está implícito en el discurso
del profesor, encontrar las diferencias, afrontarlas y verificar que esto
sea compatible con lo que el profesor dijo. Estas redescripciones hechas
por el alumno no recibirán retroalimentación hasta que se
entregue alguna tarea o ensayo, o se resuelva algún examen.
Paradójicamente, la cátedra
sigue siendo uno de los métodos de instrucción más
utilizado, ¿cómo se explica su éxito?
- La cátedra se ha usado por más
de 800 años. La mayor parte de los profesores fueron estudiantes
exitosos en un sistema de enseñanza basado en la cátedra;
tienden a defender este método como efectivo y a repetir los
patrones de sus profesores.
- La cátedra es "eficiente".
Se requiere un tiempo mínimo de planeación por parte del
profesor. Esto no significa que la cátedra sea ineficiente, en
términos de internalización de conocimientos de los alumnos;
así aprendimos muchos de nosotros y no podemos negar que obtuvimos
conocimientos. Sin embargo, es importante recordar lo que las teorías
mencionan sobre la importancia de que el alumno deba involucrarse activamente
para codificar conocimiento en la memoria de largo plazo. Esto no se
logra con la cátedra, pues ella promueve la pasividad en el alumno.
- La cátedra es flexible.
Puede aplicarse virtualmente a cualquier contenido o tema de estudio.
- La cátedra es la más
simple de las estrategias de instrucción. La discusión,
es como método instruccional, requiere de un profesor con habilidades
de interacción muy específicas, las cuales son complejas
y difíciles de alcanzar. En cambio, para la cátedra basta
dominar el tema y, por supuesto, tener buena habilidad verbal para expresar
las ideas.
- La cátedra puede ser inspiradora.
Muchos profesores defienden la cátedra pues afirman que ésta
puede servir para motivar o inspirar a los alumnos. Pero, ¿cuántas
cátedras inspiradoras puede dar un profesor a la semana? Y, por
otro lado, ¿cuántas cátedras inspiradoras puede
"absorber" eficientemente un alumno a la semana?
- La cátedra puede ser vicaria.
La cátedra puede ser empleada para "trasmitir" la experiencia
del profesor a los alumnos. También puede utilizarse para dar
a conocer un punto de vista personal sobre el mundo.
Recordemos que la cátedra en su forma
canónica no considera ninguna retroalimentación. Muchos
profesores reconocemos estas limitaciones e incluimos algún grado
de interacción, que consiste generalmente en el lanzamiento de
preguntas. Las preguntas permiten que los estudiantes se involucren un
poco más en las tareas de aprendizaje. Las respuestas a éstas
sirven al profesor para monitorear la comprensión de los estudiantes.
En términos del marco conversacional de Laurillard (1993), la respuesta
a preguntas de los estudiantes provee una parte del nivel discursivo en
el que éstos plantean su concepción del mundo. Sin embargo,
hablar durante 50 minutos y formular preguntas durante los otros cinco
minutos a un grupo de 40 estudiantes, provee un nivel discursivo excesivamente
limitado.
2.2. La cátedra con retroalimentación
Cuando por razones de tiempo, costo, logística,
etc., la cátedra se convierte en el mejor método de instrucción
que está a nuestro alcance, indiscutiblemente debe mejorarse el
nivel discursivo. Una manera de hacerlo es mediante la técnica
de cátedra con retroalimentación, lecture-recitation (en
Eggen, 1992). Ésta consta de tres fases consecutivas, las cuales
se repiten cíclicamente:
- Presentación de información.
La presentación debe hacerse poniendo énfasis especial
en los conocimientos previos al estudiante. Esto coincide con lo visto
en la sección en donde se presentó el enfoque cognoscitivista
del aprendizaje, en el que se propone relacionar el conocimiento nuevo
con el previo, facilitando así la codificación del nuevo
conocimiento en la memoria de largo plazo. Este paso también
podría ser explicado en términos de la teoría constructiva
del aprendizaje significativo, la información nueva debe ser
relacionada con el conocimiento previo. En esta parte, el profesor también
puede hacer uso de organizadores avanzados ¿Cuánto tiempo
debe durar esta fase? Eggen y kauchak (1992) sugieren que, como regla
general, la fase de presentación de información debe ser
inferior a la edad de los estudiantes. Por ejemplo, para niños
de 12 años la presentación debe ser inferior a los 12
minutos. Esta regla es sólo una referencia, si los estudiantes
comienzan a bostezar o inquietarse el profesor debe acortarla.
- Monitoreo de la comprensión.
En esta fase se les puede pedir a los estudiantes que resuman lo presentado.
El objetivo de esto es atraer la atención de los estudiantes
al involucrarlos en la tarea. Otro objetivo es determinar si los estudiantes
comprendieron efectivamente lo presentado. Si el profesor encuentra
que los estudiantes no entendieron lo presentado entonces puede decidir
repetir la fase de la presentación. Es importante que el profesor
trate de determinar la razón por la cual los estudiantes no lograron
la comprensión del tema. No debe continuarse con la siguiente
fase hasta que el profesor esté satisfecho del nivel de comprensión
de los alumnos.
- Exploración de relaciones.
Este proceso va más allá del simple resumen, ya que les
pide a los estudiantes que integren activamente la información
de la lección. Las pregustas hechas aquí deben relacionar
las diferentes partes del material aprendiendo y promover su aplicación
en diferentes contextos. Una vez terminada esta fase, el profesor continúa
la instrucción, repitiendo el ciclo de esta técnica desde
su fase de presentación de información. En cada vuelta
del ciclo, la fase de "exploración de relaciones" debe
motivar a los alumnos a relacionar lo visto en ese segmento con lo aprendido
en los segmentos previos.
2.3. La discusión
Estudios comparativos demuestran la superioridad
de la discusión sobre la cátedra en siete de nueve casos
(Mc-Keachie et al. En Eggen, 1992). En este estudio, los estudiantes que
participaron en la discusión alcanzaron niveles más elevados
de retención y actividades mentales de orden superior. La discusión
también permitió incrementar la motivación de los
estudiantes y mejorar su actitud hacia el aprendizaje. Estos productos
de la discusión no son accidentales ya que forman parte del modelo
de la discusión. Para estar seguro de alcanzarlos, todo profesor
debe tener presente que al usar la discusión, además de
aprender los contenidos que la materia de estudio, también se busca
que el estudiante logre lo siguiente:
- Aprender a escuchar de la democracia.
- Desarrollar una actitud tolerante hacia
puntos de vista distintos.
- Aprender el proceso de la democracia.
- Examinar críticamente nuestra comprensión,
actitudes y valores.
- Retar nuestras actitudes y creencias al
contrastarlas con las de los compañeros.
- Desarrollar habilidades interpersonales.
En una discusión, el profesor debe
comenzar por diseñar la discusión para luego presentar el
tema, asunto o problemas y finalmente guiar al grupo durante el proceso,
lanzándoles preguntas estratégicas. El método de
instrucción por discusión requiere de planeación
y desarrollo de habilidades por parte del profesor. Para que ésta
sea efectiva, el profesor debe tener cuidado de cinco aspectos:
- Seleccionar un buen tema de discusión.
La manera de plantear una discusión depende de la materia de
estudio y del tema a aprender en esa sesión en particular. No
cualquier pregunta o tema de discusión se presta a divergencias
en puntos de vista y genera polémica. En este sentido podemos
decir que existen preguntas o problemas convergentes o divergentes.
Los problemas convergentes son aquellos en los que, independientemente
del camino que se siga, siempre se llega a la misma solución.
Los problemas divergentes son aquellos que no tienen una solución
correcta única. Generalmente los problemas convergentes están
asociados a dominios de ciencias exactas como la física, las
matemáticas, la química, etc.; y los divergentes, a las
ciencias sociales como la política, la historia, la sociología,
etc. Los problemas divergentes se prestan para discusión por
su naturaleza de pregunta abierta sin respuesta única. Cada estudiante
puede tener su punto de vista y buscar, mediante la argumentación,
defender el suyo, criticar y/o comentar el de los demás. En el
caso de los problemas convergentes, poco puede ser dejado a discusión.
Una manera de lograr que la discusión se dé en problemas
convergentes es discutiendo el proceso de solución y no el producto
o solución que constituye el resultado único. Por ejemplo,
si existen diversas maneras de solucionar un problema de respuesta convergente,
es mejor preguntar "¿cuál es el método menos
costoso para solucionarlo?", que simplemente preguntar "¿cómo
se resuelve este problema"?.
- Enfocar la discusión. Una
vez que el profesor comienza la discusión con el planteamiento
de una pregunta o problema , la función de éste es mantener
el enfoque de la discusión en la solución de esta pregunta
o problema (Eggen, 1992). Los estudiantes tienen una tendencia natural
a divagar en el proceso de discusión. Sin una guía adecuada,
una discusión animada puede derivar hacia un tema irrelevante.
Mantener el foco de la discusión, al ayudar a los estudiantes
a reconocer que se están saliendo del tema, en una función
muy importante del profesor.
- Enfatizar relaciones y pensamiento
crítico. Las discusiones
exitosas invitan a los estudiantes a explorar conexiones en sus conocimientos.
Para que esto se logre se necesita que ellos adquieran previamente un
vasto cuerpo de conocimientos y que sean capaces de aplicarlo. Es por
ello que las discusiones son más exitosas una vez que se ha terminado
un tema o unidad de estudio.
- Favorecer la interacción.
Para que los estudiantes obtengan el mayor beneficio de las discusiones
es importante que se involucren activamente en ellas. Una labor primordial
del profesor es asegurarse que todos los estudiantes participen. Para
ello pueden utilizarse dos estrategias:
- Desarrollar habilidades de registro
de participación. El profesor debe desarrollar habilidades
que le permitan llevar un "registro mental" de quiénes
han participado y quiénes no, para invitar a participar a
estos últimos con preguntas directas.
- Subdividir el grupo. Si el
grupo es muy numeroso se vuelve muy difícil para el profesor
e inclusive, casi imposible para el estudiante, pues sus oportunidades
de participación se ven reducidas. Lo indicado en estos casos
es separar al grupo en subgrupos más pequeños para
aumentar la participación en la discusión.
- Moderar y dejar de ser el "centro"
de la clase. Estudios sobre efectividad de las discusiones han demostrado
que es muy difícil para un profesor dejar su papel de "trasmisor
de información", para tomar el de "moderador de la
discusión" (Dillon, en Eggen, 1992). Los profesores muestran
una marcada tendencia a dominar la discusión volviéndola
"mini -cátedra" (Cadzen y Cuban, en Eggen, 1992). Para
ser moderadores exitosos los profesores deben:
- ·Hablar menos.
- Escuchar más.
- Hacer preguntas que motiven a los
estudiantes a pensar.
- Hacer preguntar que inviten a los
estudiantes a interactuar con el contenido y con sus compañeros
y no a interactuar con el profesor.
Piensa en un tema en particular de tu curso
que pudieras trabajar utilizando la discusión. Identifica si se
trata de un tema convergente o divergente, después plantea la pregunta
o problema que formularás a tus alumnos.
2.4. Otros métodos centrados
en el alumno
- Aprendizaje colaborativo (Harasim, 1996).
- Aprendizaje coopertivo (Eggen, 1992).
- Aprendizaje individualizado (Eggen, 1992).
- Aprendizaje basado en problemas (Garza,
2000).
- Aprendizaje basado en casos.
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